
Si de algo no cabe duda es de la importancia que tiene el fútbol a nivel mundial, los jugadores de todo el mundo esperan vestir sus casacas, llevar con orgullo sus colores representando a sus países con honor y triunfos, pero hoy quiero hablar de un caso muy especial de dos hombres que si bien dan todo esto en la cancha ayer tuvieron probablemente el partido más agridulce de sus vidas, hablo de Miroslav Klose y Lukas Podolski.
Todo comenzó el 1 de septiembre de 1939 la Wehrmacht, el ejercito Nazi lanzaba una ofensiva contra Polonia que sufrió ante el poderoso embate de la aviación alemana el país fue tomado entre fuego, sangre y dolor, dando inicio la segunda guerra mundial, cuando eso paso ninguno de los dos futbolistas había nacido pero dejo para las dos naciones un sentimiento y recuerdos que aún hoy en día engendran dolor y rencores.
¿Pero que tienen que ver Miroslav Klose y Lukas Podolski? Fácil que ambos jugadores de la escuadra teutona nacieron en Polonia, se que decirlo así, puede sonar sencillo para nosotros ¿Cuántos jugadores naturalizados juegan ahora en todas las selecciones del mundo? Pero para hombres que saben del pasado difícil entre los dos pueblos saben que el enfrentamiento de ayer entre alemanes y polacos fue un golpe directo al corazón de los dos atacantes.
Y es que no basto con tener que enfrentarse a la selección del país que los vio nacer, de donde son sus padres, sino que ellos fueron los verdugos que se encargaron de marcar el 2-0, primero al 19 Lukas Podolski a pase de Miroslav Klose, luego al 72 se repitió la dosis, pero ninguno festejo, aunque el resto de sus compañeros saltaron por cancha Podolski, callado, sereno y con respeto se llevó la mano al corazón que en dos goles se debatía entre la Alemania que ama y la Polonia a la que respeta.
Es que nadie dijo que el fútbol fuera todo un lecho de rosas, a pesar de que es una competencia deportiva para muchos pueblos significa un poco más, son goles si, son campeonatos, pero también el recuerdo amargo de un pasado que muchos Polacos no olvidan y que los muchos alemanes quisieran olvidar.
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