Cuento: Libre…

Todavía recuerdo el silencio de la noche, los grillos cantando en las lodosas charcas llenas de sapo toros, las cigarras zumbando en cada rama, mientras el viento soplaba entre las hojas de los árboles que caían haciendo inquietos remolinos.

Acostado frente a la fogata, tocando la oxidada armónica que el abuelo Joseph me dio por navidad, mientras una tetera humeante anunciaba con su chillante silbido que el café ya estaba listo para beber.

Pero que bien se estaba ahí, allá lejos del pueblo con sus cercos y sus casas, de los autos y sus ruidosos motores, de los hombres y todos sus problemas, acostado ahí con las estrellas por techo y la luna de plata como única compañera.

Que borroso suena ya el aullido del cansado lobo en aquellos montañosos y desolados parajes que tantas y tantas veces recorrí, que neblinoso el recuerdo de aquella tierra de nadie que se volvía por unos segundos mía y me envolvía en su calidez mágica y llena de vida.

Ahora, aquí sentado en esta mecedora que chirrea, se alimentan esas vivencias, cierro los ojos y una vez más regreso a las cigarras y los lobos aulladores, a la fogata crepitante y la luna de plata, regreso a ser yo, regreso a ser, lo que siempre fui.

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Un cuento que escribí en plena libertad.

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